Actualidad parroquial

Para no convertirnos en mercaderes del Templo

 

Por. Pbro. Fernando Hernández Barboza
Párroco
 
En el evangelio de San Juan, capítulo 2, versículos del 13 al 17, podemos leer el pasaje en el cual Jesús expulsa a los mercaderes del templo. Con el argumento:”no conviertan la casa de mi Padre en un mercado, pues la casa de mi Padre es casa de oración”, el Señor purifica el templo, que debe ser lugar de encuentro con Dios y por ninguna razón, sitio de comercio como si fuera un mercado.

 
Las fuertes palabras de Jesús, han venido dando vueltas en mi cabeza hace mucho tiempo. Y en sintonía con las opiniones de muchos feligreses que no consideran conveniente que después de un momento tan sagrado como la Santa Eucaristía, viene un manojo de avisos tales como: a la venta el Eco, hay empanadas, tortillas, arroz con leche y sopa en la fonda, no se olviden de la segunda colecta, compre números de la rifa y colabore con el reinado, entre otros.
 
Por supuesto, la Iglesia y mucho menos el sacerdote realizan estas actividades con fines de lucro o para bienestar personal, sino para recaudar fondos. Se necesitan recursos para sostener gastos de infraestructura, administración y de índole estrictamente pastoral.
 
La comunidad parroquial, está en la obligación de mantener el buen estado del templo, salones, casa cural, pagar salarios, pólizas, electricidad, agua, teléfono, manutención de sacerdotes, compra de hostias y vino,  flores, servicios de secretaría, ayuda a los más necesitados y evangelizar a niños, jóvenes y familias, entre otros muchísimos gastos más, y que al ser tan elevados, con la colecta del domingo no alcanza.
 
Es cierto que la responsabilidad de todos, es velar para que en nuestra Parroquia tengamos todo lo necesario para cumplir la misión de evangelizar. ¿Pero cómo lograr esto sin caer en la “anunciadera”? Es en este punto, donde pienso sin temor a equivocarme, que con una madurez cristiana, podemos ayudar a la Iglesia simplificando las cosas.
 
Un cristiano maduro sabe que en vez de dar dos limosnas en la Misa, lo correcto es entregar una ofrenda y en lugar de ventas y rifas todos los domingos, comprometerse a apoyar tres actividades grandes al año, debidamente planificadas. Lo ideal sería una ofrenda o diezmo de San Rafael, nuestro Santo Patrono, un gran bingo al año y la red de Padrinos y Madrinas.
De esta manera, nuestra Eucaristía como lo quiso Jesús en su tiempo, se purificaría de tanto aviso económico, y se conseguirían los recursos para cubrir todas las necesidades.
 
Les invito ahora a meditar y sobre todo a actuar. Somos corresponsables de mantener nuestra Iglesia.

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